Propiedad intelectual, más allá de las marcas

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Cuando se habla de propiedad intelectual, la mayoría de la gente piensa en la marca, que es la creación más difundida y reconocida en el ámbito empresarial. Pero existen otros tipos de creaciones intelectuales como patentes de invención, modelos de utilidad,  dibujos o modelos industriales. Y todas estas creaciones se pueden y se deben registrar, porque son parte de los activos intangibles de una empresa o de un individuo.

 ¿Qué es un activo intangible? Son aquellas cosas que aunque no se pueden tocar, valen dinero.  Tal es el caso de las ideas, porque son el germen de la innovación y esta  innovación es la que produce grandes avances industriales y negocios que pueden generar grandes ganancias para sus creadores.  Las ideas pueden comercializarse– cuando se convierten en un producto o servicio–, pero también pueden ser robadas.  Sucede cuando otro que no tuvo la idea, la aprovecha en su propio beneficio.

Por eso, registrar los activos intelectuales es el mejor seguro que puede tener una empresa o un individuo para proteger esa idea que podría convertirse en un proyecto y ser en el futuro una importante fuente de ingresos. Al registrar sus creaciones, se asegura el disfrute de los beneficios presentes y futuros asociados a su idea.

Patentes, modelos de utilidad y dibujos industriales

Una patente de invención se puede definir como una solución práctica a un problema técnico. Puede ser un producto (como un medicamento) o un procedimiento, como la fórmula química de la cual deriva este producto final que es el medicamento.

 El modelo de utilidad es cualquier forma o configuración de elementos en alguna herramienta (artefacto o instrumento) que permite un mejor funcionamiento de esta herramienta o un funcionamiento diferente y que por tanto, le proporciona alguna utilidad o ventaja que antes no tenía (como por ejemplo, un escalímetro digital en relación con el escalímetro tradicional). En este caso, la palabra clave sigue siendo “utilidad”.

 Por otro lado, los dibujos industriales son aquellas formas bidimensionales con fines de ornamentación para ser aplicadas en productos de fabricación industrial, es decir, que se aplican a productos que se reproducen en masa (un ejemplo muy claro es la manzana de Apple® que se reproduce en todos sus aparatos electrónicos inclusive en relieve bidimensional). La palabra clave es ornamentación.

 Por último, los modelos industriales son formas tridimensionales que sirven como patrón para fabricación de un producto industrial (como una silla de diseño minimalista). La palabra clave es ornamentación, ya que su definición no implica efectos técnicos.

Requisitos para “blindar” la idea

Cada una de estas formas de creatividad que hemos mencionado anteriormente pueden ser “blindados” contra posibles intentos de usurpación, siempre que cumplamos con los requisitos que establece la Ley No. 61 de 5 de octubre de 2012, que rige la Propiedad intelectual en Panamá.

El más importante de estos requisitos es la novedad, es decir, que la creación sea novedosa con relación a lo que ya existe en el mundo. Aunque el registro es territorial (válido sólo para Panamá), al momento del registro se examina si el invento que trata de protegerse cumple con la “novedad” a nivel internacional.

También se encuentra el requisito de aplicación industrial, es decir, que la invención pueda ser reproducida para su explotación comercial; y para las patentes de invención se añade la “actividad inventiva”, es decir, que la invención haya requerido un proceso mental o creativo que haya concluido con el invento (producto o procedimiento), no es algo obvio que un experto en la materia hubiera descifrado fácilmente.

Aspectos legales

Para lograr la protección, debe presentarse una solicitud de registro ante la Dirección General del Registro de la Propiedad Industrial – DIGERPI– a través de un abogado. En dicha solicitud se hará constar el nombre, dirección y demás datos del solicitante, del inventor y del abogado que representa al solicitante. Asimismo, deben acompañarse documentos formales como un poder de abogado, certificación de existencia (para las personas jurídicas), y por supuesto, la descripción del invento con sus dibujos, resumen y reivindicaciones. Éstas últimas, siendo una descripción detallada de las materias que son novedosas y que son lo que se trata de proteger con el registro.

Luego de la solicitud, el trámite de registro continuará con el examen de carácter formal que se refiere a los documentos y de novedad, aplicación industrial y actividad inventiva, dependiendo del tipo de registro. Se publicará para observaciones u oposiciones de terceros y finalmente se otorgará un registro. Las patentes de invención se registran por veinte años, los modelos de utilidad por diez años sin prórroga y los dibujos o modelos industriales por diez años prorrogables por cinco más, es decir, que la explotación comercial exclusiva de su invento depende de la cantidad de años del registro.

 ¿Todo se puede patentar?

 Al momento de considerar un registro para una Patente de Invención, deberá tomarse en cuenta y discutirse la posibilidad del registro con su abogado de confianza, dado que hay materias que no son patentables; tales como el material biológico tal y como se encuentra en la naturaleza, las variedades vegetales, entre otros; mientras que hay materias que no se consideran inventos como los planes y métodos económicos, los programas de computadoras (software), obras artísticas o literarias, entre otros. Por lo tanto, es importante dilucidar primero si la patente de invención es la mejor fórmula para la protección de su creación, o es preferible utilizar la modalidad de derecho de autor, que aplica preferentemente a software, obras artísticas o literarias.

Por último, el trámite de registro demora aproximadamente de 24 a 36 meses en total desde el momento de la solicitud hasta la concesión del registro, lo cual deberá tomarse en cuenta para la explotación de cualquiera de estos inventos. Aunque parezca que es mucho tiempo, vale la pena realizar el esfuerzo a fin de evitar problemas posteriores con imitadores o con inescrupulosos que se dedican a robar las ideas de los demás.

Autora:  Jessica Atencio de Jaén, abogada Responsable del Área de Propiedad Intelectual en Bufete Candanedo